Juego del Engaño

Aunque hoy me arrepiento como nunca me había arrepentido de algo, debo admitir que fue sensacional. Me pasó desde hace muy poco y no me he atrevido a contárselo a nadie, por eso es que lo publico aquí de manera anónima. Es algo digno de ser contado

Bueno, primero que nada quiero decirles que tengo una novia de 19 años (yo tengo 18) que me siempre me ha complacido en el tema del sexo. Pero al ser la única chica con la que me había acostado hasta ese momento, tenía cierta curiosidad. Me preguntaba cómo sería sentir otro cuerpo, otros gemidos y otros orgasmos. Me encanta mirar mujeres, me fascina, y me excita como a pocos. Como dice mi novia, soy un mirón.Domingo a eso de las 15:00. Mis padres prenden el auto y se van a pasear con mi hermano y un amiguito de él. Y miren qué casualidad: dos días antes, mi novia había conseguido un nuevo empleo en un supermercado, y tenía todo el domingo para atender clientes caprichosos y dar cambios. Lo que significaba que quedaba solo en casa, sin más compañía que la de mi perro. No habían pasado 5 minutos cuando escuché el ruido del auto de los vecinos de enfrente. Me levanté del sillón como un resorte y corrí hasta el zaguán, dispuesto a comerme con la mirada a mi vecinita de 15 años. Abrí la puerta simulando quién sabe qué y la observé disimuladamente mientras bajaba, devolviéndome la mirada con cara de pícara. Era chiquita (a mi gusto), morocha, ojos verdes, y un cuerpo indescriptible: tremendas tetas, una pancita a medida, y una cola que provocaba más de una erección cuando andaba por las calles. Ese día llevaba una calza negra ajustadísima, los ojitos pintados al igual que los labios, una remerita que le marcaba bien las tetas y una bincha fucsia que la hacía parecer una bebita inocente. Yo sabía bien que también le atraía, pues siempre me miraba particularmente, pero nunca había pensando en traicionar a Vale, mi novia.

Entré a casa explotando de ganas de masturbarme pero me contuve. Un rato más tarde la estrellita que le faltaba a mi cielo golpeó la puerta. Bajé la música y fui a abrir, esperando encontrar fuera a algún cliente que no entiende cuando un almacén está cerrado (perdón, olvidé mencionar que tenemos una vinería en casa). Pero qué sorpresa me llevé cuando vi en la vereda a Florencia, mi vecinita.
-Hola, disculpa la hora y eso, pero ¿me podrías vender algo?
-¿Cómo dices? -le contesté estúpidamente.
-Lo que pasa es que no encontré nada abierto, y necesito una bolsa de leche -me dijo tiernamente mientras mi cabeza volaba por las nubes.
-¡Ah, sí! Leche… Ya te traigo.
-¿Te importa si paso un momento? Esos tarados que vienen ahí no me dejen en paz.
-Obvio, dale -mientras la dejaba pasar vi pasar los tarados a los que se refería, pero no escuché que le gritaran nada obsceno. Qué buena excusa había puesto la nena. Le dije que me esperara en mi cuarto mientras abría el almacén y buscaba la leche.
-¡Ah! Tráeme un sobrecito de canela también, si no es mucha molestia.
-Está bien, no es ninguna molestia.
Busqué la llave y fui en busca de su lechecita. Pero no tenía idea de dónde estaba la canela. Al rato la encontré, pero no sabía el precio. Puse las cosas en una bolsa y se las llevé a mi cuarto.
-La leche vale $11, pero la canela me la pagas otro día porque no sé a cuánto está.
-¿Otro día? -me preguntó con un tono extraño.
-Sí, o… cuando quieras, cuando te quede bien.
-Me queda bien cuando sea, y lo que sea -dijo soltando un sonrisita.
-Bueno, si me lo dices así… -le dije también riendo.
-Entonces ya vengo -se levantó y se fue.

¿Era todo broma o me había estado lanzando indirectas? Me decidí por pensar que una persona no podía ser tan insinuante, y tranqué la puerta sabiendo que esa linda muchacha no volvería. Sin embargo, el solo saber que había estado en mi cama me ponía la pija durísima. Me acerqué a la cama y me recosté en el mismo lugar donde lo había hecho ella. Me intrigó sentir algo húmedo al apoyar la mano. Me llevé la mano a la nariz y olfateé: ¡no podía ser! Tenía casi el mismo olor que la conchita de mi novia. Instintivamente dirigí la cabeza al lugar del acolchado donde estaba húmedo y pasé la lengua. ¡Lotería! Seguramente Flo se había estado tocando un poquito mientras yo buscaba la canela. Eso me puso a full, estaba a punto de explotar de la excitación cuando una voz en la ventana que daba al frente de la casa me hizo saltar del susto: “¿Me vas a abrir?”. Era ella de nuevo. No lo podía creer, no me cerraba. Con la voz agitada le respondí que ya iba. Ya no llevaba la calza negra, sino un pollera corta de pana que hizo que Flo se diera cuenta que algo sobresaltaba abruptamente de mi pantalón deportivo. Me morí de vergüenza pero haciendo como que no vio nada me dijo: “Bueno, acá estoy. Si quieres que te pague hoy, sino me voy”. “Pasa”, le dije yo mirándola de arriba abajo. Se sentó en la cama nuevamente, en el mismo lugar. La seguí y con un impulso involuntario le puse mi mano en la boca, la mano con la que había limpiado sus juguitos.
-¿Gusto conocido? -le pregunté seriamente. Ella se ruborizó.
-¡Lo siento! Perdón, fue una chanchada, es que…
-¿Qué?
-No pude aguantarme, lo siento, soy así -parecía realmente apenada y arrepentida. O bien, era una excelente actriz.
-¿Y en verdad te parece una chanchada?
-Sí… soy una estúpida.
-A mí no. Más bien me parece… que es rico y huele bien -dije mientras ante sus ojos de sorpresa me saboreaba la mano.
-No tienes que…
-¡Shh! Ya no quiero que hables -entendió mi juego.
-No tienes idea de lo obediente que soy.

La puta se había salido con la suya, iba a traicionar a Valentina. La besé desesperadamente y me siguió la corriente. Cuando paramos noté que se reía de algo. “Tienes lápiz labial por toda la cara”, me dijo. Me pasé la mano sin mucha importancia y le saqué la remera. Era fabuloso poder verla desnuda, tenía terribles senos, redondos y gorditos. Ella se desprendió el sostén e interné mi boca en el medio de esas dos preciosidades, al tiempo que en mi compu empezaba a sonar una canción de Cascada. Aquello excitaba mucho porque daba sensación como de boliche. Dos casi desconocidos a punto de hacer el amor. Mi pene ya no daba más y mis usuales 16 centímetros ahora parecían más. Y hablando de Roma… me lo agarró con las dos manos y me lo manoseó loca y desesperadamente, con fuego. Sus pezones estaban duros y comenzó a tocárselos cuando saqué mi boca; era una experta con poca edad. Le desaté los cordones y le saqué los John Foos, tirándolos para cualquier parte. “Sácate algo tú”, me susurró sin dejar de tocarse a ella misma. En unos segundos quedé tan solo con mis boxers Geo, cosa que hizo poner al máximo a esa enanita, ya que me quedaban bien justos. Para ser sincero no soy gran cosa, pero tengo una cola envidiable. No se aguantó y me metió las manos por dentro de él, me tocó una décima de segundo y luego acercó su boquita dispuestas a practicarme sexo oral. Cuando me di cuenta cómo mamaba esa nena casi me termino: a pesar de tener chica la boca se metía mi pija hasta el fondo sin dar señales de ahogarse, y volvía a la punta donde me deleitaba con su lengua. Cuando se cambió de posición (se sentó de frente a mí con la piernas cruzadas como indio) sin dejar de chupar, me dejó camino libre a su conchita. Podía verle la bombacha empapada entre sus suaves piernas. Sin dudar dirigí ambas manos hacia ese paraíso húmedo y lo sentí. Le refregaba mis dedos como si nunca hubiese tenido entre ellos algo tan gratulatorio. Éramos dos maníacos de lo sensual en un mismo espacio, y eso recién daba comienzo. Luego ella se detuvo y dijo que era divino estar haciendo eso conmigo, y me sacó la remera. Otra cosa que alimentaba aún más mis deseos era que me encantaba hacer el amor con mi novia sin sacarle la pollera, y justamente lo iba a hacer con Flo también. Ágilmente quité su empapada bombachita de niña y me la pasé por toda la cara. Ella tuvo un pico de excitación y me arrancó la única prenda que me quedaba y como una gatita, se puso en cuatro patas. Les juro que ahí casi me da un ataque. ¡Qué culo tenía, por Dios! Increíble. Me hinqué detrás y sin pensar en nada (ni siquiera en un preservativo) agarré fuerte mi verga y de un golpe se la metí toda, pegándome totalmente a sus nalgas perfectas. En cualquier momento me venía (lo que implicaba un gran riesgo futuro), pero me ganó de mano, y sentí el orgasmo más duro de toda mi vida: sus paredes vaginales me apretaban fuerte, me exprimían, una y otra vez al mismo tiempo que la culpable del tan preciado orgasmo gemía y me pedía “¡Más, te lo ruego! Más adentro…”. Fue largo. Me había quedado con ganas de tener el mío propio y eso me daba impotencia, pero también agradecía no haberle llenado la concha de semen. No quería preocupaciones, obviamente. Por lo tanto, estaba satisfecho (aunque a punto del boom). Flo seguía su movimiento de caderas.
-¿Sigues con ganas, princesa?
-Mira quién lo dice.
-Si me hubieses dado tiempo de agarrar un preservativo ahora no estarías hablando.
-No es el único orificio que tengo -dijo de la forma más puta imaginable.

Eso ya era demasiado; ya había experimentado un impresionante orgasmo y sin embargo seguía con ganas. Y eso de que no era su único orificio… Bueno, ni hablar. Yo me imaginé salpicando un montón de leche por su boca, pero me despistó ver que ella no se cambiaba de posición.
-Por favor, pon la boca de una vez, no puedo retenerme más tiempo -le rogué.
-No me refería a la boca -me miró, se mojó un par de deditos con la boca y se los llevó al ano.
-Sos…
-Dilo -decía mientras se metía suavemente uno de los dedos en su agujerito.
-Sos una hija de puta. Qué bien haces todo.
-Ya lo sé. Pero necesito algo más grande dentro.
-No puedo creer que no te duela, o…
-No va a ser la primera vez.

Después de esas últimas palabras no titubeé más. Con la verga todavía durísima (o más) me hinqué nuevamente. Rápidamente ella giró el cuerpo y me la lameteó todita, dejándome muchísima saliva chorreando. Se puso como estaba antes y apoyé mi pene en su colita. La sensación que sentí cuando entró la punta (dicho de paso, muy gorda) fue súper. “¡Dale!”, sentí que gritó y se la metí hasta la mitad bien fuerte, y luego toda. Me movía como si no hiciese el amor desde hacía meses. Le daba duro, y estoy seguro que le dolía, pero que con tal de ser penetrada por algo no le incumbía en absoluto. Iba casi hasta afuera y de una volvía a penetrársela entera, provocando unos fuertes gemidos de parte de Flo, que eran opacados por la música electrónica. Cuando acabé sentí que toneladas de semen recorrían su culo, y grité y gruñí como un lobo. ¡Fabuloso! Tenía una brisca de las buenas dentro de mí, y le estaba partiendo el culo en pedazos. Manoseé sus nalgas como un maniático, y le ordené que fuera a lavarse al baño, a lo que obedeció como habíamos acordado en ese juego del engaño.

No sé si volveré a hacerlo. Quizás sí, quizás no

Comentarios

2 Respuestas en “Juego del Engaño”

  1. kun en Abril 9th, 2008 5:16

    sos un grosooooo papaa que terrible pendeja como la describis me mataaa trato de imaginarmela pero es muy fuerte jejej

  2. RoMeoO en Abril 11th, 2008 20:12

    Man.. De verdad todo fino =)

    Nawaaa! Que diosa debió ser.. Pero igual men, no te sientaas mal por tu novia.. Recuerda siempre esto.. “Si no lo hace uno, lo hace ella..”

    Entendés? Tranquilo weon. ;) Nawaa! Eso si es Sexo xD

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